Después de las fiestas pascuales y de Pentecostés, el calendario litúrgico nos hace volver al Tiempo Ordinario.
Aunque en las próximas semanas celebraremos las solemnidades de la Santísima Trinidad y la del Corpus Christi, es bueno saber vivir el día a día, sin el apoyo de acontecimientos festivos extraordinarios.
Ordinario sencillamente, con este nombre se le quiere distinguir de los “tiempos fuertes”, que son el ciclo de Pascua y el de Navidad con su preparación y su prolongación.
En el Tiempo Ordinario debemos buscar crecer y madurar nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor, y sobre todo, cumplir con gozo la Voluntad Santísima de Dios.
Y la segunda, desde después de Pentecostés hasta el Adviento.
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